Mis dolores de cabeza por Galarraga

Andrés Galarraga fue la cara del béisbol venezolano en los años 90 en las Grandes Ligas. Sin duda uno de los mejores bateadores y definitivamente el ídolo de muchos. Incluyéndome

Por Rafael David Sulbarán. Periodista. Fanático del beisbol. También le gusta el baloncesto

No recuerdo exactamente la primera vez que vi a Andrés Galarraga en la televisión, pero uno de los primeros recuerdos que tengo es de finales de los 80 cuando el primera base de los Leones del Caracas le caía a batazos a cualquier pitcher durante la postemporada de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Los jonrones eran su marca.

Una vez lo vi en persona, fue uno de los días más felices de mi vida. En octubre de 1993 el Juego de Estrellas de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional se jugó en mi natal Cabimas. No podía perderme ese espectáculo. Muchas estrellas: Wilson Alvarez, Carlos Quintana, Carlos García, Luis Sojo, Robert Pérez…y Andrés Galarraga.

Ese día «El Gato» no jugó, pero fue invitado especial junto a Don Bailor, mánager de los Rockies de Colorado. Yo estaba en el terreno, lo vi de cerca. Mi hermano Rodolfo se le metió entre las piernas y pudo obtener un autógrafo. Lamentablemente se me perdió esa firma. Cosas de muchacho.

Una vez mi tío Antonio se lo consiguió en una fiesta en Caracas. Mi tío sabía de mi admiración por él y le pidió un autógrafo el cual estampó en una tarjeta de presentación. Mi tío me la trajo hasta la casa. Esa también la boté. Cosas de muchachos.

El salto

Yo no soy fanático de los Leones, de hecho es el equipo al que menos le tengo aprecio. Soy seguidor de las Águilas del Zulia desde que tengo memoria. Sin embargo mi adolescencia fue marcada por este jugador que defendía a los capitalinos. Siendo yo un poco egoísta pienso que por fortuna no volvió a vestir el uniforme del Caracas. No hubiese soportado verlo por esos años vestido con la franela de rayas capitalina. Cosas de muchacho.

En 1993 yo tenía 12 años. Cursaba el primer año de bachillerato en el Instituto Simón Bolívar en Ciudad Ojeda, estado Zulia. Ese mismo año había salido del sexto grado en la escuela Las Cúpulas en Cabimas. Por esos años el beisbol ya era parte de mi pasatiempo, sobre todo dos años antes cuando un equipo de beisbol profesional se instaló en mi ciudad: los Petroleros de Cabimas. Por esa razón este deporte se sembró mucho más en mi gusto.

 

Los añorados Petroleros de Cabimas

Ese año 93 era de renovación para Andrés Galarraga. Venía de una zafra llena de lesiones con los Cardenales de San Luis donde apenas jugó en 95 partidos (un poco más de la mitad de la temporada) y bateó .243 de promedio. El 91 también fue un año débil donde dejó .219 de average y participó en 107 juegos para los Expos de Montreal. Dos años para el olvido lleno de lesiones y un poco de frustración. Esa baja producción le permitió participar en al liga de Venezuela, algo que le benefició.

Los Rockies de Colorado eran un nuevo equipo que entrarían en acción en el inicio de la temporada de 1993. Varios buenos jugadores fueron convocados, entre ellos Dante Bichette y Andrés Galarraga. Eran la novedad del negocio, entrando junto a los Marlins de Florida (hoy de Miami) a jugar en la Liga Nacional.

Entonces Galarraga era una de esas figuras veteranas (tenía ocho años en las mayores) que pretendían darle unos triunfos a ese nuevo equipo. Don Bailor, un exjonronero destacado en los años 70, fue el coach de bateo en los Cardenales de San Luis en 1992 y una figura importante para que Andrés fuera escogido por los Rocosos.

Bailor fue nombrado mánager de la nueva novena colorada y le cambió la vida al «Gran Gato». Durante el receso de temporada Bailor y Galarraga trabajaron fuertemente. Lo más notable del ejercicio fue que Andrés cambió su técnica de bateo. Abrió un poco su pierna izquierda para así tener una mejor visión del terreno de juego.

El resultado fue notable: Andrés Galarraga logró el título de bateo de la Liga Nacional con .370 de average, además sacó 22 jonrones. Galarraga dio un salto a la élite del beisbol.

Mi preocupación

Yo siempre fui un mal estudiante, ya lo he dicho en varias ocasiones en trabajos acá. La razón era más que todo pereza, me daba ladilla estudiar. Otras cosas me interesaban más: la música, la lectura y el béisbol, especialmente los Atléticos de Oakland, los Indios de Cleveland y Andrés Galarraga.

Andrés Galarraga jugó cinco temporadas con los Rockies. Foto/Efecto Cocuyo.

El «Big Cat» se había convertido en mi ídolo, en la persona que seguía siempre. En esa época no había internet, ya existía pero no era algo comercial, entonces las formas de saber los resultados de los juegos, seguir las posiciones de los equipos y las estadísticas de los jugadores eran a través de dos vías: transmisión de televisión y el periódico.

Por esos días en Venezuela no eran muy variadas las emisiones de los juegos de las Grandes Ligas. Venevisión transmitió hasta 1993 dándole paso a Televen quien se mantuvo por varios años, hasta principios del 2000 con los derechos. En la televisión regional era Niños Cantores Televisión, el canal 11 del Zulia, que nos regalaba la maravilla de ver los juegos, sobre todos con las actuaciones de venezolanos, destacando Wilson Álvarez, Estrella con los Medias Blancas de Chicago en esos días.

La sección deportiva de los noticieros también servía, pero a veces no podía verla porque estaba en el colegio.

La otra opción, casi siempre fiable, era el periódico. El Diario Panorama de Maracaibo, regularmente sacaba un resumen bien completo sobre los partidos, destacaba las actuaciones de los venezolanos, ponía los líderes en ofensiva y también sacaba las posiciones en ambas ligas. Lo malo es que en oportunidades no sacaban nada, no publicaban la tabla y yo me quedaba picado al no ver nada.

Entonces era bastante difícil seguir la ruta a Galarraga, a veces pasaba hasta una semana sin saber de su actuación. Pero bueno, ahí me las arreglaba.

Una de mis principales preocupaciones por esos días de adolescente de 12, 13, 14 años era que Andrés Galarraga se mantuviera por encima de los .300 puntos de promedio, herramienta que mide el buen desempeño del jugador-bateador. Como podía me las arreglaba, y bueno, fue tanto así que aprendí a calcular el promedio de bateo: divides 1000 entre la cantidad de turnos al bate y los multiplicas por los hits conectados. Listo, así podía vivir con más detalles la actuación del Gato.

Cuando el promedio bajaba de .300 y se ponía en .298, .290, .280 me preocupaba, hasta me dolía un poco la cabeza en ocasiones. Ligaba que al otro día se recuperara y volviera al potro. Lo ligaba así para mi tranquilidad y salud. Esa era una de mis excusas en las malas calificaciones: «es que me preocupo porque Galarraga deje de batear bien, que no conecte jonrones y que baje su promedio. A veces me duele la cabeza», era una de las cosas que le decía a mi papá y a mamá. Por esos días yo me la pasaba también escribiendo sobre ligas de fantasía y sumaba tarjetas a mi colección de jugadores. En fin el béisbol copaba gran parte de mi vida.

Para mi dicha y la de muchos, Andrés Galarraga se convirtió en uno de los bateadores más temibles de las Grandes Ligas en ese equipo tan ofensivo que reunieron los Rockies con El Gato, Vinicio Castilla, Dante Bichette, Larry Walker y Ellis Burks, les llamaron «Los bombarderos de la calle Blake», la vía que está detrás del «Coors Filed», estadio de los rocosos.

En 1995 los Rockies clasificaron a la postemporada, un logro importante para un equipo en expansión.

Por allá en 1999 Andrés fue diagnosticado con cáncer y se perdió toda la temporada con los Bravos de Atlanta, su nuevo equipo. Gracias a Dios ganó la batalla, y al año siguiente volvió con toda bateando 28 jonrones y siendo «El regreso del año». Confieso que cuando me enteré de la enfermedad me sentí muy mal, triste, pero las propias palabras del Gato me dieron fuerza, él siempre tuvo un discurso muy positivo y fiel devoto a la virgen. Eso le ayudó.

Por todos esos años, para mi tranquilidad y buena salud, Galarraga fue de los jugadores más destacados y solo dejó de batear por encima de los .300 en una oportunidad. Muy al contrario, yo seguí siendo un alumno muy flojo…pero en 1998 me gradué. Algo se logró. Por cierto Galarraga: feliz cumpleaños.

Para que tengan una idea del poder de Andrés, vean este video donde descargó uno de los jonronces más espectaculares de la historia de las mayores, un batazo de 521 pies:

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