Carta a mi país, Venezuela

No sé en qué momento te nos fuiste o te dejamos ir. Te extrañamos mucho, te llevamos en el corazón los que estamos fuera de tus límites y los que están dentro. Añoramos con volverte a ver sonriente como siempre

Por: Maigelith Serrada. Maracucha. Buena gente. Buena madre. 

Venezuela ojala volvieras a ser la de antes. Me gustaría estar sentada en el porche de la casa de mi abuela conversando con las vecinas mientras el tiempo pasa no tan de prisa. Me gustaría estar adornando las calles para navidad… ¿recuerdas Venezuela cuando te poníamos linda cada diciembre, llena de luces y de pinturas alusivas a la navidad en el asfalto? Parecía una competencia de alegría cada calle más colorida que la anterior. ¿Te acuerdas Venezuela cuando las gaitas sonaban en cada casa anunciando la felicidad de las fechas? ¿Recuerdas cuando casi cada familia estaba pintando sus casas o adornando el arbolito, preparando hallacas, el platillo del mes entero, y lo que se le ofrecía a cada visita…?

¿Recuerdas que los centros comerciales, los mercados y las tiendas de ropa y juguetes estaban a reventar para estas fechas? Todos necesitaban hacer un regalo o comprar los estrenos para las fiestas. Los supermercados colmados de dulces navideños, galletas en lata, todos los ingredientes de la famosa cena navideña, de los postres como el majarete que preparaba mi abuela que era la delicia del barrio entero. El manjar con dulce de lechoza, el dulce de piña y todas esas delicateses muy nuestras que llenaban las mesas. ¿Recuerdas el amigo secreto y los intercambios de regalo? Uno siempre se esforzaba por dar un buen regalo y terminaba recibiendo un adorno o un perfume que acababa al fondo de un cajón…nos importaba más la alegría del momento, el compartir con la familia y amigos que el regalo en sí.
¿Recuerdas Venezuela que tus hijos solo se iban del país porque tenían el sueño de vivir en otro lugar o se le presentaba una oportunidad profesional que no podía rechazar? Ellos se iban pero siempre te guardaban en el corazón y al presentarse la primera oportunidad volvían a ti. ¿Lo puedes recordar?
¿Recuerdas a la vecina que vendía fuegos artificiales? Esa señora que conseguía todo tipo de pirotecnia y a la que le íbamos a tocar la puerta a cada rato para seguir jugando con cebollitas, fosforitos y estrellitas compradas con las monedas que pedíamos a nuestros padres o tíos, o que nuestra abuela nos daba con complicidad cuando no conseguíamos con los primeros.
¡Que tiempos aquellos Venezuela! Lo digo con nostalgia, con lágrimas asomadas en mis ojos ya que por más que trato no puedo entender en qué momento los venezolanos permitimos que te convirtieran en lo que hoy eres. ¿Cuándo fue que dejamos de ser esa gente feliz? ¿Cuándo fue que nos permitimos abandonarte a tu suerte?
Hay una canción del grupo Voz Veis que se llama “Son tan buenos los recuerdos” habla de ese emigrante que está bien porque sabe que su familia está bien, que extraña a los suyos y se entristece en navidad, pero que habla de la felicidad de recordar esos tiempos porque guarda la esperanza de volver y que sigan siendo así de bonitos como él los recuerda. Pero la realidad de los migrantes hoy es que dejamos un trozo del corazón en esos recuerdos, en esas épocas que fueron lindas pero que presentimos que por ahora no volverán. Cada vez que la escucho rompo a llorar porque me pregunto si yo volveré a ver al “ Tío Juan” de mi familia algún día. Porque cada hermano, cada primo está repartido por el mundo trabajando duro por su familia o, como decimos en Venezuela “echándole pichón” a la vida, a los nuevos retos, a los nuevos sacrificios.
Me pregunto, Venezuela, si conocerás la tristeza de esos hijos que están afuera, de los caminantes que huyen desesperados por causa del gobierno que hoy te “administra” (o se roba tus riquezas). Me pregunto si sabrás de sus tristezas, del frío que pasan en otras latitudes, de pronto rumbo a su futuro con los pies mojados por la lluvia, sin otra cosa en su maleta que la esperanza. Quizá con los pies descalzos porque los zapatos no resistieron los días enteros y los cientos de kilómetros recorridos. ¿Acaso Venezuela estás enterada?. Supongo que sí, porque un pedazo tuyo se va con cada uno de nosotros, un pedazo tuyo está dentro de los que están en Santiago, otros tanto tienen sus pedazos en Perú, muchos van recorriendo sudamérica a pie, otros trozos se quedaron en Madrid o en Estados unidos. Tienes cientos de trozos repartidos en México y en Argentina, otros tantos en Ecuador, Francia, Italia, hasta a Suiza fuiste a dar en pedacitos Venezuela. ¿Será que algún día volveremos a ti? ¿te encontraremos emperifollada para la navidad como antes? Guardo esa esperanza en mi corazón y segura estoy que cada Venezolano que partió de ti por esta crisis, porque no le quedó más remedio que marcharse también guardan esa esperanza y rezan cada día por tu recuperación. A ver Venezuela necesitamos que resurjas como el ave Fénix de entre las cenizas y la destrucción.

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